lunedì 15 febbraio 2016

Calderòn e il Principe Costante

Tutto accade in un unico luogo,
come una trasparente bolla di sapone,
uno spazio tra cielo e mare
concavo e convesso,
attraversata da luce.
Metafora del globo e dell'universo.
Un cosmo concavo e convesso
che rappresenta la cuna y la tumba,
la vita che porta in sé la morte.


Ho studiato quest'Opera all'università ed è una meraviglia della letteratura. Non sto qui a spiegarvi il significato, la genesi e il simbolismo e l'iconografia calderoniana ma mi piacerebbe riportare dei passaggi clou.



[Fénix si strugge - Primera Jornada, 45-55]

Si yo supiera,
¡ay Celima! lo que siento,
de mi mismo sentimiento
lisonja al dolor hiciera.
Pero de la pena mía
no sé la naturaleza,
que entonces fuera tristeza
lo que hoy es melancolía.
Sólo sé que sé sentir,
lo que sé sentir no sé,

que ilusión del alma fue.


[Muley e Fénix  -  Segunda Jornada 971 - 989]

MULEY: Sí,
que tú eres sol para mí
y para ti sombra yo;
y la sombra al sol siguió.
El eco dulce escuché
de tu voz, y apresuré
por esta montaña el paso.
¿Qué sientes?

FÉNIX: Oye, si acaso
puedo decir lo que fue.
Lisonjera, libre, ingrata,
dulce y süave una fuente
hizo apacible corriente
de cristal y undosa plata;
lisonjera se desata,
porque hablaba y no sentía;
süave, porque fingía;
libre, porque claro hablaba;
dulce, porque murmuraba;
e ingrata, porque corría.



[Don Fernando - Segunda Jornada - 1318 - 1324]

Aquí enmudece la lengua,
aquí me falta el aliento,
aquí me ahoga la pena
porque en pensarlo no más
el corazón se me quiebra,
el cabello se me eriza,
y todo el cuerpo me tiembla.



[Don Fernando - Tercera Jornada - 2654 - 2661 - ultima battuta di Don Fernando]

En el horror de la noche
por sendas que nadie sabe
te guïé. Ya con el sol
pardas nubes se deshacen.
Victorioso, gran Alfonso,
a Fez conmigo llegaste.
Éste es el muro de Fez,
trata en él de mi rescate.


[Don Alfonso - Tercera Jornada - 2778 - 2785 - Fine dell'Opera]

Al son de dulces trompetas
y templadas cajas marche
el ejército, con orden
de entierro, para que acabe
pidiendo perdón humilde
aquí de sus yerros grandes,
el lusitano Fernando,
príncipe en la fe constante.